11 abril 2012

Discurso leído por Mariano Avilés en el acto inaugural del I Foro de Debate Farmacéutico- ASEDEF, en el Ateneo de Madrid el 28 de marzo de 2012.

 

Quiero agradecer la presencia de las autoridades que nos acompañan esta mañana en el Ateneo de Madrid, institución esta muy querida para mi pues en sus bibliotecas pasé horas y horas de estudio en mi época universitaria, grandes recuerdos de la historia de España encierran estas viejas paredes.

 

Les agradezco también a todos ustedes que hayan acudido a la convocatoria para hablar de algunos de los temas mas importantes que en este momento tiene abiertos la farmacia en España, son temas que afectan a todos, profesionales y ciudadanos, pacientes o no, pero que en algún momento de la vida terminarán por afectar, por ello la sensibilidad y el interés que despiertan los asuntos relacionados con la salud ponen a esta en el foco de protagonista.

 

La Asociación Españolade Derecho Farmacéutico, ASEDEF, ha pensado que era importante aportar nuestro granito de arena a los nuevos escenarios sociales y sanitarios que se presentan, envueltos en una crisis y falta de recursos que cuando menos hacen que se cuestione la continuidad de las prestaciones sanitarias en el marco de una sociedad del bienestar que es el fundamento del Sistema Nacional de Salud.

 

Los paradigmas de la sanidad están cambiando y lo hace al mismo ritmo que se tratan de solucionar los múltiples problemas derivados de la falta de recursos, pero esto que llamamos Sistema Nacional de Salud necesita no solo de la calidad de las prestaciones sanitarias, también necesita la presencia de buenos profesionales, como los que tiene, necesita de una buena gestión económica y, desde luego, de unos ciudadanos concienciados de la importancia de la salud  y de la buena utilización de los recursos sabiendo y conociendo que todo lo que se nos da no es gratis, entre otras cosas porque es el propio ciudadano el que contribuye con sus impuestos al sostenimiento del sistema.

 

Aquí escucharemos posibles soluciones de contenido sanitario, pero también se oirán argumentos políticos y económicos porque en este país se necesita crear riqueza; es necesario no solo ajustar los gastos, también es necesario generar confianza e ilusión; sin estos componentes no es  posible seguir adelante; para ello la complicidad de los agentes políticos y sociales, junto con las instituciones, empujando en una misma dirección podrá hacer que las sumas de fuerzas creen nuevas energías.

 

Estamos en un momento en el que las normas deben ajustarse; con una sociedad mas y mejor informada, las leyes y las costumbres sociales tienen que estar y ser del siglo XXI; hoy hay derechos que todavía se reivindican al igual que existen derechos que por muy adquiridos que estos hayan sido no están en una línea dela actualidad. Estoyseguro que nadie aquí reivindicará el derecho de pernada, y fue un derecho bien consolidado en su época; posiblemente nuestra Constitución necesite una limpieza de fachada, que siempre adecenta y quita las telarañas y adaptarla a una sociedad que, por sus avances, tiene otras necesidades.

 

En este Foro de Debate contaremos hoy con la presencia de  grandes profesionales, nuestro agradecimiento por su esfuerzo, profesionales que a lo largo de la jornada irán pasando por esta sala para darnos sus opiniones y para que de una forma positiva y crítica se puedan aportar ideas que ayuden a superar momentos especialmente complicados. Tendremos puntos de vista diversos: el político, el profesional y el social, un círculo que quedaría sin cerrar sin la presencia de ustedes hoy.

 

Las asociaciones de pacientes se constituyen en eje sobre el que toda la sanidad gira, no existe sistema sanitario si no se entiende creado para dar servicio a los pacientes y no es que se exija más, es que la proporcionalidad está entre lo que se ha pagado a lo largo de la vida y lo que uno espera recibir en la recta final de esta, o en el momento que se necesite.

 

Temas importantes están sobre la mesa del debate diario, se habla de copago, se habla de responsabilidad de la sociedad, también se pide la responsabilidad de los políticos, y es que hoy más que nunca todos, absolutamente todos, tenemos que ser responsables, estemos en el plano social que estemos.

 

Quienes hemos estado en la gestación de esta jornada de intercambio de ideas hemos pensado lo bueno que será dar distintos puntos de vista sobre un mismo tema; pero no caigamos en la manida idea de que nuestro problema es el más; consideremos que nuestro problema es el de todos, esto es, tener una sanidad de calidad desde una buena gestión de nuestros recursos.

 

Todo agradecimiento; por tanto, y para terminar quiero agradecer a todas las instituciones y empresas que han colaborado de una u otra forma y como no las que nos han apoyado con su patrocinio, esperamos que esta jornada para el disfrute de todos tenga su continuidad en próximas ediciones del Foro. Muchas gracias.

10 marzo 2012

Un análisis crítico del sindicalismo, desde la razón y la realidad de un país esquilmado por todo el que puede y actúa sin escrúpulos en nombre de causas justas que no son ciertas , que la justicia tiene la obligación de aclarar con la igualdad exigida en una sociedad democrática.

 

Art. 7 de la Constitución Española: “Los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”.

 

Un buen enunciado para conocer lo que es el sindicalismo en España hoy, los sindicatos autodenominados “de clase” instalados en la utopía, que dicen haber luchado por un modelo de sociedad y por una forma satisfactoria e igualitaria de distribuir la riqueza.

 

Estas organizaciones de clase vendidas al mejor postor, con una tasa de afiliación que roza el ridículo y cada vez menor representatividad de los trabajadores en los centros de trabajo, se han instalado en la opulencia, dicen que en representación de la clase trabajadora, cuyos intereses pretenden representar.

 

Fue casi en la segunda mitad del siglo XIX cuando Carlos Marx y Federico Engels dieron luz a una concepción particular del pensamiento obrero y desde entonces y con la perspectiva que da el paso del tiempo y a poco que se analice se puede ver, que el marxismo, desde el principio, tuvo un componente importante de represalia social en su fundamento que ocasionó en el siglo XX mas de cien millones de muertos; una ideología que ha generado verdadero odio y ha batido records de asesinatos, de rencores y revanchas, rechazo de valores sociales y un materialismo inhumano.

 

Desde mitad del siglo XIX hasta hoy el sindicalismo se ha visto sometido a vaivenes importantes, a cuyo tren han intentado subirse corrientes y movimientos de todo tipo, porque manejar a las masas y además estar acomodado debe tener un componente satisfactorio importante.

 

El sindicalismo revolucionario fue en no pocos momentos inspirador de líderes fascistas que se apoyaron en  “Reflexiones sobre la violencia” y aunque partiera con la idea de marcar su independencia frente al Estado, dista mucho de la realidad.

 

El nacionalsindicalismo que desembarcó en el socialismo revolucionario desde filosofías tradicionales católicas, nunca llegó a ser importante en España aunque con el régimen franquista y de la mano de Gerardo Salvador Merino tuviera algún que otro destello hasta el punto que hacia mitad del siglo XX Franco tuvo que abortar el intento de implantación del nacionalsindicalismo.

 

Hoy en el siglo XXI es difícil entender el papel de estas organizaciones desde el punto de vista de la representatividad, con una tasa de representatividad tan baja que roza el ridículo; con una formas propias del siglo XIX, porque desde su comienzo están “orientadas al conflicto”, aportando como valor un modelo de sociedad caduco con “una forma satisfactoria e igualitaria de distribuir la riqueza”.

 

El sindicalismo español es un reducto agriado, con apariencia caduca y acartonada que únicamente sufre por sus subvenciones, por sus liberados (claro a costa de que lo paguen los demás), por su burocracia que quiere justificar formas impensables, dentro de un entramado empresarial propio de las mejores estructuras contra las que dicen luchar, con prácticas torticeras e indeseables con sus propios trabajadores; unas organizaciones de gentes que se quedaron sin contenido ideológico desde la caída del muro de Berlín y del socialismo de estado, cuyo culto quieren rememorar en una sociedad moderna que cada día es menos permeable a estas cuestiones alejadas de una realidad social que ya viaja por otro camino.

 

Pero todo no queda solo ahí; están organizados para ocuparse de sus causas ajenas al mundo laboral, se financian de forma irregular con concesiones de patronales de expedientes de crisis y ERES (ahora, ¡y ya está bien!, con la sombra de la justicia pisándoles los talones), despidos, convenios, cursos de formación fantasmas; han negociado hasta la desvergüenza la percepción de grandes cantidades de dinero e inmuebles  bajo el pretexto de la devolución del llamado “patrimonio sindical”, insostenible e incalificable, con historias de estafas a sus propios afiliados por inadecuadas gestiones en cooperativas, etc.

 

Estas organizaciones están hoy en claro declive, con caída libre en su representatividad que es inversamente proporcional al grado de apoyo y subvenciones que han venido recibiendo; esto es, a menos representatividad, más subvención. Son organizaciones que viven para maquillar los fallos del sistema en el que se apoyan y para distorsionar las leyes de libre mercado; parece como si los poderes públicos no quisieran reconocerse si no tienen detrás a todos estos enemigos interesados de la realidad social.

 

José A. Primo de Rivera en algún momento dijo “sin pretender alterar las bases del sistema capitalista, sin ser ni pretender ser una alternativa a este injusto sistema económico, estos falsos sindicatos se dedican a echarle arena en los cojinetes”.

 

El día de ayer estas organizaciones hicieron algo que el tiempo tendrá que juzgar con la dureza que la ocasión requiere; pusieron en la escena teatralizada la “fumata blanca” a una huelga general que estaba decidida con bastante antelación; hacía días que un sindicalista me había dicho: “estamos llamados a pegar los carteles que ya tenemos”,  todo lo anterior está aderezado con el apoyo del partido mayoritario de la oposición que, lleno de rencor por perder en las urnas lo que no supieron ganar trabajando por el país, proclama que “cada oveja con su pareja”, yo voy un poco más allá y quito a la oveja que no tiene culpa de nada y pongo al borrego.

 

Piensan que la situación en la que está el país no va con ellos y convocan una manifestación precisamente el día 11 de marzo, no se detienen ante nada; se equivocan, saben muy bien, y aquí está su problema, que haciendo ruido no van a justificar todo lo que nos cuesta mantenerles, pero necesitan salir a la calle para mostrar que siguen vivos, aunque sea detrás de una pancarta que les sirve de burladero para que el toro no les embista (pero la pancarta es débil para tanto como oculta detrás); es más están tan alejados de los problemas de los trabajadores y de los pequeños y medianos empresarios (que también son trabajadores) que hace tiempo desaparecieron por el horizonte de los remotos tiempos de la historia; hoy las clases sociales están contextualizadas en otra realidad y estos siguen en el siglo XIX.

 

Es necesario dar carpetazo a este falso sindicalismo decadente y aburguesado, lleno de cinismo y cara dura, desfasado que tanto nos cuesta; una auténtica estafa para los trabajadores y contribuyentes. Si sus gastos, aficiones y formas de pasar el tiempo se las pagaran ellos y sus seguidores, nada tendría que decir; pero mientras yo sea uno de tantos que soportan estas estructuras injustificadas en épocas difíciles para todos, y especialmente para quienes no tienen trabajo, tendré que exigir a quienes gobiernan que de subvenciones ni un euro, de liberaciones en los trabajos a costa de las empresas nada, que jueguen a “representar” en sus tiempos libres y a asistir a grandes comilonas en nombre de la hoy dura causa laboral y que quienes quieran pagar la cuota sindical adelante, es la libertad la que juega.

 

Seguramente habrá que recordar aquí lo que ya he dicho en otro momento, no solo hay que refundar el Estado porque esto del sindicalismo hace tiempo que murió y creo, muy sinceramente, que los trabajadores y ciudadanos en general, podríamos vivir perfectamente sin ellos; ahora si que tiene sentido el artículo 7 de la Constituciónpara que los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales vayan a  los intereses económicos y sociales que les son propios, alejados de quienes les dan carta de naturaleza, los  ciudadanos. Que el gobierno no mire para otro lado e intervenga ya.

 

Mariano Avilés – jurista

4 febrero 2012

 

Un breve análisis de las consecuencias de la politización de la justicia y de las diferencias que produce la interpretación interesada de la ley, según quién sea su destinatario.

 

 

“El pueblo no obedece las leyes si no le dan ejemplo de obediencia los magistrados” (Licurgo).

 

El espectáculo que ante los ciudadanos dan los llamados poderes del Estado (políticos y jueces) sobre los que sustentan los pilares de la democracia es el ejemplo perfecto para coger la maleta y salir corriendo de este país.

 

Pierre Brossard, transmutado en la persona de Michael Caine, padece una de las persecuciones mas intensas y negra que perfectamente puede estar reproduciéndose hoy; en esta película, “La Sentencia”, se muestra como se mueven los hilos hasta ejecutar a un colaborador nazi acusado de crímenes contra la humanidad enla IIGuerraMundial.

 

Las mafias, los poderes ocultos de la política y la Iglesia han sido casi siempre los ingredientes perfectos para tener un plato tradicionalmente cocinado en todas las cocinas del mundo del poder, un plato que suele llamarse “La trama”, con un resultado la menor de las veces justo y la mayor de las veces con sabor a venganza y ajuste de cuentas, en el que ponen lo mejor de si mismos determinadas estructuras perfectamente arraigadas en los Estados para entorpecer y si cabe hacer el mal, y que, casi siempre, la sociedad civil ni intuye.

 

Las estructuras de los Estados, de tanto usarlas terminan por desgastarse, salvo que tengan un sistema de mantenimiento y renovación que impida el fenómeno de oxidación por el paso del tiempo.

 

La nación como concepto, lo aglutina todo; así se fundamentóla Constituciónde 1812 que no tuvo una preliminar declaración de derechos, pero si estableció la soberanía, independencia, libertad, ciudadanos, territorio, religión, gobierno; pero lo que logró imponerse de forma clara y rotunda fue el carácter católico, apostólico y romano que impidió cualquier atisbo de libertad religiosa.

 

En Españala Constituciónde 1978 marcó el comienzo de la sociedad moderna y el reconocimiento de derechos para muchos desconocidos; algunos de esos derechos a lo largo del tiempo, o no se han desarrollado, o si lo han hecho ha sido malamente; ya sabemos que el papel lo aguanta todo yla Constitucióntambién, no será la primera vez que denuncio la incapacidad de los poderes públicos para cumplir y hacer cumplir lo pactado, pero eso si votar votamos cada cuatro años. Quizás habría que remozarla Carta Magna, que pese a los pocos años transcurridos desde su proclamación ha envejecido prematuramente, incluso se han conservado estructuras obsoletas que han sido superadas por la evolución social del concepto propio del Estado que las cobija y que conviven con nosotros y nuestros presupuestos; me refiero a los sindicatos que padecemos, entre otros, heredados de épocas pretéritas y que hoy son un lastre inexplicable pero de conveniencia.

 

La organización de los poderes del Estado, hoy, tendría que ser necesariamente buena si se respetaran las reglas del juego, pero no, hasta ahora la mezcla del poder ejecutivo y poder judicial es tan pernicioso y hace tanto daño, que tendríamos que sanearlo todo y refundar el Estado nuevo, por pura salud democrática.

 

Pierre Brossard dice en un momento de la trama “cuando la ley y la política colisionan, la ley tiene las de perder”, en estas maniobras nunca ha faltado la Iglesia; en nuestra película de hoy, los curas tienen un especial protagonismo y el abad de aquel monasterio perdido en la montaña francesa llega a decir en tono exculpatorio cuando da posada a Brossard:”que a la Iglesia no se le acuse de cobijar a quienes atentan contra los derechos humanos”; el País Vasco es vecino de Francia.

 

La politización de la justicia, no solamente lleva a la anulación de ésta, sino que se quiebra el principio elemental de la igualdad de todos ante la ley; lo vemos con mayor notoriedad a medida que pasan los días y se suceden las noticias, que la igualdad no existe, simplemente por la comparación de lo que aparece en los medios y lo que sucede en nuestro entorno, que evidentemente no es noticia; la otra justicia es una forma peculiar de ver la ley, como si existiera una distinta; la justicia que entonces aplicaron a Brossard, ha sido refinada hoy con buenos modales para ser presentada en el escaparate social y que los ciudadanos, mas cultos sin duda, no se alteren; pero la ley y su resultado (la justicia) continúa manejada por la política, ya sabemos quien va a perder, nosotros.

 

Mariano Avilés – jurista

29 enero 2012

 La mala gestión económica y administrativa nos ha llevado a un recesión económica sin precedentes situándonos en niveles del siglo XIX que por su semejanza se analizan. En este caso también, la culpa es de otros, posiblemente de los ciudadanos irresponsables que somos; nunca de los políticos

 

¿ Realmente sabemos dónde estamos en el terreno económico?, creo que no, ni tan siquiera el Gobierno, con los poco días que lleva . Yo aprendí de mis maestros que la economía no era más que un mero apunte contable, y según se quiera así será; ahí tenemos las cuentas de las Comunidades Autónomas, una verdadera sangría de los dineros de los ciudadanos para mayor gloria de quienes han gobernado sin control en beneficio de no se sabe quien ni para qué.

 

Lo que está pasando en España, con esta crisis que nos aplasta no es nuevo, ya en siglo XIX ocurrió exactamente lo mismo, una crisis que limitó la acción del Estado por insuficiencia financiera y por no conocer la riqueza real del país; entonces se carecían de datos estadísticos e instrumentos para detectar el fraude y el predominio de los impuestos indirectos sobre los directos dejó la justicia fiscal maltrecha.

 

La estructura del gasto era muy dispar; la sanidad, la educación y la beneficencia, eran palabras de bajo presupuesto comparado con la partida destinada a la atención de la deuda, a las clases pasivas o al sostenimiento del clero que empezaban a verse compensados por la incautación de los bienes eclesiásticos; así era el Estado Liberal que no podía dejar de pensar en el componente ideológico de la religión.

 

La debilidad financiera lastró de forma importante el desarrollo de la economía, con un progresivo  incremento de la deuda pública encareció el precio del dinero en los mercados españoles que afectaría a la balanza de pagos, el crecimiento industrial, el sistema financiero y a la inversión privada; además los altos tipos de interés y el déficit presupuestario lastraron la acción estatal.En España nunca se ha respetado la doctrina del laissez-faire, pensada para economías ágiles y desarrolladas.

 

Manuel Colmeiro (1850), que fuera profesor de derecho público e historia económica de varias generaciones de universitarios, en el manual que entonces se utilizaba dijo que “la máxima obrar o no gobernar demasiado (…) carece de exactitud en el fondo y de conveniencia en la aplicación. Si es cierto que debe la Administración respetar la libertad individual, también es cierto que para regular el ejercicio de estas fuerzas (económicas) dentro del Estado se necesita  un poder activo y fuerte (…) el Gobierno no solo es un escudo; es también una palanca”.

 

Ya entonces, desde el Gobierno parecía percibirse el problema con claridad y ¿qué pensaron entonces para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo industrial?, pues teniendo en cuenta las limitaciones reales de la economía y el ambiente intelectual, se pensó en reformar la administración estatal para que con la creación del Ministerio de Fomento (1832) se fomentara el aumento de la riqueza nacional, lo que no llegó a materializarse por la insolvencia de la Hacienda pública y los prejuicios intervencionistas que limitaron la acción del Estado.

 

Fueron los gobiernos progresistas los que cambiaron la tendencia decrépita de la Administración, adoptando un modelo basado en la libre importación de capitales, tecnología para modernizar las comunicaciones y poner en explotación los recursos mineros.

 

Salvemos las distancias de los tiempos, aunque los resultados de las políticas practicadas no han variado en exceso desde entonces hasta ahora donde la actualidad enmarcada fundamentalmente por la creación, por mandato constitucional, de diecisete estados paralelos dispuestos a gastar, con el agravante de que si consideramos que el régimen parlamentario se sustenta sobre las mayorías, hemos tenido el caldo de cultivo perfecto para “la extorsión legalizada” de las minorías parlamentarias y los partidos nacionalistas que con un mínimo apoyo a los gobiernos han conseguido, tradicionalmente, extraordinarios beneficios, desde el punto de vista eonómico y desde el punto de vista propagandístico para sus partidarios.

 

Hoy el partido socialista está en su propia guerra interna; cuando se contemplan a las personas y su discurso, de nuevo retrocedemos en el tiempo, a las cavernas.  Hoy leo que José García Abad, hombre de izquierdas, cuando le preguntan sobre la sucesión de ZP dice “los delegados eligen entre lo malo y la peor”; Una pena, porque España necesita dos partidos fuertes y serios que junto a una reforma de la ley electoral haga que electoralmente no dependamos de los nacionalismos esquilmadores y victimistas ; una pena digo, que el partido socialista no saque nuevas caras a la escena política que dejen de evocar los episodios policiacos y de leyenda negra que aun les persiguen y de los que los tribunales terminarán dando cuenta; son esos y esas que, por error, creen que no somos capaces de vivir sin ellos; sin duda hubiera sido un buen momento de regeneración y se va a quedar en una ocasión perdida que todos lamentaremos; en cuanto al Gobierno actual, a lo suyo, que tiene tarea y dura, porque se le van a exigir resultados.

 

Mariano Avilés – jurista

23 enero 2012

 

artículo publicado en periódico el Global el 9-1-2012

 

En los albores del año 2012 comienzan las buenas acciones, entre ellas, se pone en cuestión si el sistema nacional de salud puede sostenerse para que los ciudadanos podamos seguir teniendo algo por lo que se ha estado pagando.

 

Los extraordinarios recortes que está tomando el gobierno son directamente proporcionales a los desmanes económicos de los que han venido disfrutando las Comunidades Autónomas poniendo en riesgo precisamente prestaciones tan fundamentales y necesarias como son las relativas a la salud de las personas; un modelo brillante pero poco controlado y si cabe mal gestionado (sálvese quien pueda).

 

En tiempos difíciles habrá que imaginar soluciones viables que no pasen necesariamente por engordar el número de funcionarios al servicio del sistema; habrá que pensar en alianzas estratégicas con la sanidad privada con la que se pacten buenas prestaciones a un precio razonable que garantice la calidad y que el Estado se libere de empleo en lo que corresponda; hay una realidad y es que la prestación sanitaria debe estar a disposición de la población sin trabas.

 

Pero si lo anterior es importante, no lo es menos reconocer que la configuración constitucional que tenemos del Estado es la de un país rico donde ha primado la intención política sobre el interés de los ciudadanos; se ha desperdiciado el dinero de nuestros impuestos a manos llenas y esto es lo que estamos conociendo de verdad ahora,  intuir ya lo intuíamos.

 

Aquí se necesitan decisiones firmes por parte de la Administración del Estado y la cohesión estaría asegurada; se necesita un control del gasto sanitario que en ningún caso puede ser insuficiente, con el aseguramiento las prestaciones  y, por supuesto, que los dineros de la sanidad sean empleados en sanidad y no para otros fines; hace falta la redistribución de mano de obra sanitaria en los puntos que lo necesitan, en detrimento de otros menos especializados pero que pudieran estar abultados; en definitiva decisiones político-sanitarias con matices empresariales , sin olvidar el fin asistencial y por supuesto con criterios claros que den seguridad jurídica al sistema; mientras tanto…..de sostenibilidad nada.

 

Mariano Avilés – Jurista